LA  PORTADA  NORTE:

     La portada principal de esta iglesia se sitúa atípicamente en el lado norte en un saliente del muro.


Fig. 4. Plano de la planta de la iglesia
(Institución Príncipe de Viana)

Fig. 5. Vista general de la portada

     Nos encontramos ante una portada abocinada de medio punto, con seis arquivoltas profusamente talladas que descansan en pilastras y columnas con capiteles, protegida por un tejaroz sostenido por canecillos. Tiene tímpano hoy vacío, pero hay indicios de que, en su día, hubo un crismón. Nuestra atención se centra en la cuarta arquivolta donde se representa a 24 personajes –uno de ellos, con dos cabezas- y una máscara o mascarón sentados a una mesa formada por la arquivolta baquetonada.


Detalle de las dovelas 9 a 17

Detalle de las dovelas
1 a la 8

Detalle  de las dovelas
18 a la 25

     La portada de San Pedro rompe con la tradición conocida en el arte románico e, insólitamente, no está esculpida en su tema central y capiteles con motivos religiosos del Antiguo o del Nuevo Testamento o vidas de santos; o en su defecto, imágenes de vicios y virtudes, bestiario o escatología musulmana; o de las simples arquivoltas de hojarascas y figuras geométricas que son, en definitiva, los temas habituales de decoración, sino que, por el contrario, el tema principal es una representación de personajes que, en su concepción narrativa, celebran una fiesta profana adaptada al cristianismo, como veremos más adelante.

     La arquivolta en cuestión se compone de 25 dovelas con 24 personajes y una máscara o mascarón. Se utiliza el esquema representativo del “retrato colectivo”, según describe André Grabar[1], colocando un personaje, el “jefe” que “preside” (Fig. 9), en la clave, dovela 12, en el centro de la mesa, rodeado de otros veintitrés personajes que le acompañan festivamente, cuatro de ellos tocando instrumentos y los restantes levantando las manos -símbolo de la voz y el canto[2]- o con las manos en la mesa. Esta composición ornamental no diría nada extraordinario, a excepción de su singularidad[3], si no fuera por la presencia de dos imágenes simbólicas a la derecha del que preside, “una máscara o mascarón”[4], dovela 11 (Fig. 10), y un “personaje con dos cabezas”, dovela 10 (Fig.  11), que, como he dicho anteriormente, es la imagen  significante del dios Jano, cuyo atributo es la doble cabeza o cara (bifronte).


Fig. 11. Detalle de la 
dovela 10, Jano.


Fig. 10. Detalle de la 
dovela 11,
máscara o mascarón.

Fig.9. Detalle de 
la dovela 12, clave.

     Jano (Ianus), además de las funciones y simbolismo que se le atribuyen habitualmente -representación del pasado y del porvenir; portero (ianitor) que abre y cierra las puertas del ciclo anual; dios de la iniciación, etc.-, también era considerado entre los romanos como el dios de las corporaciones de artesanos o Collegia fabrorum, las cuales celebraban en su honor las dos fiestas solsticiales de invierno y de verano. Más adelante, esta costumbre se mantuvo en las corporaciones de constructores; aunque con la llegada del cristianismo en esas fiestas solsticiales acabarían identificándole con las de los dos san Juan, el de invierno y el de verano “Janua Inferni y Janua Caeli” [5]. 

     Manuel Castiñeiras [6] nos dice que “...el tema de Jano anni ianua (puertas del año), aparece en fechas bastante temprana (1100-1110) en los ciclos de los reinos occidentales.” Y más adelante, “...del estudio de los ejemplos hispanos se confirma la circulación de dos tipos de representación creadas a partir de fuentes tardoantiguas. Por un lado estaría el Jano inter portas - citando el medallón de GENUARIUS de San Isidoro de León (Fig. 12), Perazancas, St. Jouin, St. Denis, y por otro, el Jano in templo suo, como se constata en Treviño y Mimizan.”  

     Sigo citando: “...el Janus Ianitor (portero) que tuvo un gran éxito en los calendarios góticos de la Corona de Aragón, se reproduce en las catedrales de Teruel y Pamplona (Fig. 13) y en los frontales navarros atribuidos al maestro de Arteta.”



Fig. 12. "Genuarius" de
San Isidoro de León

Fig. 13. Clave del claus-
tro de la catedral de 
Pamplona

     Hay una tercera representación de Jano, “...a finales del s. XII aparece una nueva versión en dos regiones europeas: Italia e Inglaterra, con una aceptación inmediata en la Península, un Jano a la mesa (Fig. 14). Está representado en el calendario claustral de la catedral de Tarragona. El personaje, que viste túnica y clámide y cruza las piernas para subrayar su elevada condición social, se dispone a ingerir los alimentos, mientras dos sirvientes preparan afanosamente el banquete.”  

     Y por último, “Jano junto al fuego”, del que manifiesta que “...el antiguo Jano se asimiló a otra imagen de calendario, cuyo antecedente se encuentra en la iconografía estacional del invierno. Este grupo de representaciones se caracteriza por la disposición de un anciano sentado junto al fuego...”


Fig. 14. Claustro de la catedral
de Tarragona. (Castiñéiras González.
"El calendario hispano. Téxtos e 
imágenes (s. XI-XV), Junta Castilla
y León, 1996 p. 326, Fig. 32)

     Como hemos visto en los ejemplos citados, la imagen de Jano –enero- se ha utilizado principalmente en el contexto de la representación de los meses. De ello tenemos una clara muestra en el calendario de Santa María de Azougue (Betanzos, La Coruña) de finales del siglo XIV donde, en forma de friso, se representa el menologio en tres capiteles de un pilar del ábside sur. En él, Jano bifronte a la mesa parte el ciclo de los meses en dos (Fig. 15) [7].


Fig. 15. Santa María de Azougue
(Betanzos). (Castiñerias González.
"El desfile de los meses de Sta.
María de Azougue", Anuario
Birgantino 1993, nº 16. p.182,
Fig. 16)

     No obstante, aunque el tema de Jano raramente se encuentra aislado, tal y como ha señalado M. Castiñeiras, éste comienza a aparecer descontextualizado en algunos conjuntos a finales del siglo XII. En Galicia, al menos, existen dos ejemplos de Jano bicipitis. Uno de ellos, sentado a la mesa, se encuentra en el primer canecillo del lado sur de la iglesia de San Andrés de Hío (Pontevedra) dentro de un ciclo de canes que narran algunos aspectos de la vida de la aldea (Fig. 16). Otro ejemplo se conserva en la serie de canes de la fachada occidental de Santo Tomé de Serantes (Fig. 17), en la que una cabeza doble se acompaña de representaciones relacionadas con los vicios del bajo cuerpo [8].


Fig. 16. Canecillo de S.
Andrés de Hío (Ponte-
vedra) (Op. cit. Castiñeiras,
1993, p. 183, Fig. 8)

Fig. 17. Canecillo de Sto.
Tomé de Serantes (Ibidem.
p. 184, fig. 11)

     En Echano, evidentemente, dada la originalidad de la arquivolta de la portada que nos ocupa, no estamos ante ninguna de las representaciones que hasta ahora hemos visto reproducidas en el arte románico. Sin embargo considerando que “Jano a la mesa, se caracteriza por un aire netamente cotidiano, donde el dios pierde el carácter eminentemente alegórico y toma vida”, y que “el Jano del banquete es una especie de híbrido adaptado a la realidad medieval. Si bien conserva su carácter bifronte –rasgo de obvia lectura-, sus atributos lo encuadran en un contexto festivo relativo al final y al inicio del año, en el que normalmente asume el aspecto de un señor” [9].

     Dicho esto, no creo correr ningún riesgo al aventurar que en la portada norte de Echano se quiso representar una imagen simbólica del inicio del año a través de la figura de Jano “mensis januaris”, para significar las “Kalendae Januariae” [10]. 

     Este razonamiento lo baso en que, además de lo ya expuesto, la idea del símbolo de “un contexto festivo relativo al final y al inicio del año” queda refrendada por la actitud de los personajes que le rodean (con los brazos levantados) y el tipo de instrumentos musicales que tocan –ver más abajo artículo de Payno-, así como la concurrencia del otro significante, la máscara o mascarón, que, como hemos visto en la nota 4, es una fisonomía fingida que se superpone a la verdadera “carnaval”. Todo ello hace pensar en que están celebrando una fiesta cuya tradición se pierde en el tiempo y que hoy aún se conserva en muchos pueblos de Europa y de las que Julio Caro Baroja[11] refiriéndose a los Joaldunak de Zubieta e Ituren (Fig. 18), pueblos del Pre-Pirineo navarro, comenta: “Las fiestas estas que empiezan después de Reyes y llegan más o menos hasta el Miércoles de Ceniza, suelen estar vinculadas en parte con el Carnaval, pero, por otro lado, tienen una raíz mucho más antigua que las fiestas de Carnestolendas y el Carnaval. Ya los primeros Padres de la Iglesia, latinos y griegos, se encontraron que en todo el ámbito del Imperio Romano, desde comienzo de año, es decir, desde enero, hasta avanzada la estación, hasta la Primavera, solían salir máscaras, sobre todo en las barriadas rurales en los pueblos, precisamente con cencerros, con cucuruchos, con trajes estrambóticos, y hay una cantidad considerable de sermones y de cánones penitenciarios y de disposiciones religiosas cristianas contra estas prácticas”. 

      Confirmando el comentario anterior, en Cantabria, aún se conservan muchos lugares con toponimia o quizás teonimia de Jano y en donde, desde tiempos ancestrales, al comienzo del año, se ha celebrado la fiesta, ritual y conmemoración de la “Vijanera” (Fig. 19), cuya raíz viene de January - Jano (actualmente sólo se celebra en Silió). “Esta celebración es una mascarada de invierno, dentro de un tiempo festivo que abarca desde Nochevieja al domingo siguiente a la Epifanía y se remonta al primer siglo de nuestra era, antes de que tuviese lugar la adaptación al calendario cristiano. La fiesta consiste, entre otras muchas cosas, en despedir como se merece el año viejo y dar la bienvenida al Nuevo...”[12]


Fig. 18. Joaldunak de 
Zubieta e Ituren

Fig. 19. Vijanera en Silió
(Cantabria Joven, S.L.)

      Pasemos a observar las características de los músicos representados: Los instrumentos que tocan son: los personajes de las dovelas 1 y 9 (Figs. 20 y 22), cuerno de guerra o de caza; el de la dovela 3 (Fig. 21), dolçaina corta, también puede ser un albogue o la flauta recta o de pico; el de la dovela 16 ( Fig. 23), un instrumento que no se ha podido determinar por su rareza, pero que pudiera ser una siringa, frestel o flauta de Pan[13].     


Fig. 20. Detalle de la 
dovela 1, músico tocan-
do cuerno.

Fig. 21. Detalle de la 
dovela 3, músico tocan-
do dolçaina corta.

Fig. 22. Detalle de la 
dovela 9, músico tocan-
do cuerno.

Fig. 23. Detalle de la 
dovela 16, músico tocan-
do flauta de pan.

    Se trata sin duda alguna de una comparsa de instrumentos de música profana, ajena por lo tanto a cualquier referencia sacra. Ello nos induce a pensar en una celebración festiva y de carácter popular.

     A continuación extracto un comentario (inédito) sobre los músicos de Echano, efectuado por Luis Ángel Payno, [14] especialista en instrumentos medievales:

      “La portada Norte de San Pedro de Echano es un ejemplo de cómo el análisis de los instrumentos contribuye a un mejor entendimiento de lo que el maestro cantero quiso representar. En algunas portadas, que a menudo se califican como “de la gloria” (como el de Santiago de Compostela o Toro), se representan a músicos tocando instrumentos cortesanos para alabanza de Dios. Los que se representan en Echano son claramente de índole popular.”

     Reforzando el carácter popular de la fiesta representada, hay otros personajes en las dovelas que muestran algún instrumento en las manos levantadas que bien pudieran ser las tejoletas o las crusmatas (Figs. 24 y 25). Vemos también un personaje tocando este instrumento en un capitel del claustro del monasterio de San Cugat del Vallés junto a dos bailarinas. –Fig. 26-. La conjunción de las manos levantadas que, según Cirlot [15], simboliza la voz y el canto, los instrumentos populares que intervienen y las tejoletas o crusmatas, no significa precisamente que estén tocando una melodía armónica, sino que, por el contrario, están armando bullicio y estruendo. Lo que se quiere representar es una fiesta popular.

      Otra de las peculiaridades reside en que se tratan de músicos cojos y mancos -dos de ellos, dovelas 1 y 3 (Figs. 21 y 22), son cojos, con el pie izquierdo amputado, y el correspondiente a la dovela 9 (Fig. 23) es manco- aspecto que pone de relieve una vez más en el carácter moral que puede adquirir el tratamiento de la música y del cuerpo en la Edad Media. Los defectos físicos se consideraban siempre reflejo de carencias espirituales y la música profana era por excelencia un campo relacionado con lo marginal y lo imperfecto.


Fig. 24. Detalle de la
dovela 6, personaje
tocando tejoletas o
crusmatas.

Fig. 25. Detalle de la 
dovela 14, personaje 
tocando tejoletas o
crusmatas.

Fig. 26. Capitel del claustro
del monasterio de S. Cugat
de Vallés (

 


[1] GRABAR, André, “Las vías de la creación en la iconografía cristiana” Madrid 1985, p. 75. En la que, argumentando que el retrato colectivo merecería una particular atención, cita: “...bajo esta forma colectiva como los primeros retratos de Cristo rodeado de los apóstoles han llegado hasta nosotros, lo cual no es nada sorprendente si se considera la popularidad del retrato en grupo en el arte de la Antigüedad clásica desde el periodo helenístico. Las imágenes de esta modalidad están todas compuestas con arreglo a la misma fórmula: los personajes agrupados están en semicírculo en una exedra o un ábside: poetas, sabios, doctores, geómetras o profesores, todos presididos por un maestro o su jefe. Este tipo de retrato colectivo profesional estaba bastante extendido...”  
[2]
CIRLOT, citando a Schneider dice que concede a la mano un papel extraordinario “...por ser la manifestación corporal del estado interior del ser humano (pues) ella indica la actitud del espíritu cuando éste no se manifiesta por la vía acústica (gesto)”. De ello se deduce que la mano elevada es el símbolo de la voz y del canto. Ver op. cit. Cirlot, J.E, pp. 296-297. Independientemente de esta interpretación, también hemos observado que algunas de las manos levantadas muestran en los laterales un objeto, que pudieran ser tejoletas o crusmatas (castañuelas), instrumentos musicales típicos de la música tradicional popular, que . -PAYNO, Luis A., http://www.es-aqui.com/payno/arti/tejo.htm.  
[3]
Basándose en que dos de los músicos son cojos, GÓMEZ GÓMEZ, A., desarrolla un trabajo titulado “Cojos y miserables en la portada románica de Echano (Navarra)”, Príncipe de Viana, 54, n.º 198, (1993), pp. 9-27, en el resumen dice que, “...están representados veintiséis personajes de condición marginal. Este grupo de individuos poseen las características iconográficas de los personajes que se identificaban en la Edad Media con los pobres, miserables o marginados. La presencia de los cojos con prótesis de madera no dejan lugar a dudas...”  
[4]
Si nos atenemos a lo que PÉREZ RIOJA, J. A. en “Diccionario de Símbolos y Mitos”, Madrid, 1998, pp. 295-296, citando a Cirlot, sobre la máscara dice que: “Todas las transformaciones tienen algo de profundamente misterioso y de vergonzoso a la vez, puesto que lo equívoco y ambiguo se produce en el momento en que algo se modifica lo bastante para ser ya «otra cosa», pero aún siendo lo que era.” Más adelante veremos este significante como encaja en el conjunto.
[5]
GUÉNON, R.  “Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada”, Bueno Aires, 1988, pp. 103-108.
[6]
CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A., “El Calendario medieval Hispano, Texto e Imágenes (siglos XI-XIV)”, Junta de Castilla y León, 1996, pp. 117-130.
[7]
CASTIÑEIRAS, M., “El desfile de los meses de Santa María do Azougue”, Anuario Birgantino 1993, nº. 16, p. 179
[8]
Ibidem, pp. 182-183
[9]
En op. cit. CASTIÑEIRAS, “El Calendario medieval Hispano, Texto e Imágenes (siglos XI-XIV)”, p. 127.
[10]
Caro Baroja, J, en “El Carnaval (Análisis histórico-cultural)”, Madrid 1965, pp. 157-167, dice que, las Kalendae Januariae en especial las del 1 de Enero, tuvieron una gran importancia y se extendían de Oriente a Occidente, de Grecia a España, y de Norte a Sur, de Germania a Italia. Para celebrarlas salían comparsas de hombres disfrazados, de los que nos hablan mucho los escritores cristianos y los Cánones de la Iglesia (para condenarlas) y el severo y retórico moralista pagano del siglo IV Libanio, que dice, que se hallaba extendida por todos los pueblos dominados por Roma. Posteriormente, cita a San Isidoro de Sevilla, que decía: “La Iglesia instituyó el ayuno de las calendas de enero a causa de un error propio de la gentilidad. Fue Jano cierto príncipe de los paganos, por el que se ha dado el nombre al mes de enero y al que los hombres inexpertos, honrándole como a un dios, otorgaron honores religiosos y le consagraron un día con fiestas suntuosas y regocijos. Así los míseros hombre y, lo que es peor, los mismo fieles, durante ese día, adquiriendo monstruosas apariencias, se disfrazan a modo de fieras, otros toman aspecto mujeril, afeminando el suyo masculino. Algunos, a causa de la citada fiesta pagana, se manchan el mismo día con la observación de los augurios, hacen gritería y danzan, cometiendo otra que es más torpe iniquidad, pues se unen los de uno y otro sexo formando cuadrillas, y la turba de depauperado espíritu se excita con vino.”
[11]
GARRIDO PALACIOS, M., Itzea 1976. “Conversaciones con Don Julio Caro Baroja al hilo de los carnavales de Zubieta, Ituren y Lanz (Navarra)”, Revista de Folklore Nº. 181, Valladolid 1996, pp. 19-23.
[12]
Extracto del artículo de CABRIA, J. C., “La Vijanera. Adiós y Bienvenido”, Otra Realidad, Semanario Cántabro Independiente.  www.otrarealidad.net
[13]
MORENO MORENO, B. op. cit. Y artículo que se cita a continuación de PAYNO, Luis A.
[14]
En un extenso artículo escrito por L. A. PAYNO sobre los instrumentos de esta portada, entre otras cosas cita: “... la extraordinaria semejanza entre una de las dovelas (la 3) y el instrumento pastoril llamado dolçaina corta que el investigador Mario Gros localizó en Teruel.” “Otro de los instrumentistas (dovela 16) aparece tocando lo que parece ser una siringa o flauta de pan tallada en una sola pieza.” Y “Varios de los personajes están con las manos en alto, en una posición en que bien pudieran estar tocando algún tipo de castañuela o crusmata, tablilla o tejoletas. Cosa normal en cualquier fiesta popular. Las tejoletas consisten en dos láminas de madera o de  barro (“teja” de ahí su nombre) que se colocan entre los dedos y se hacen repicar.” 
[15] Vid. Nota 5.