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HACIA
UNA
INTERPRETACIÓN DEL CONJUNTO
Hasta ahora hemos realizado un análisis intrínseco
de la portada, pues nos hemos limitado a estudiar la obra de arte en sus
aspectos visuales y temáticos más evidentes. Una vez identificados los
temas y motivos de la misma, intentaremos profundizar en la intención del
conjunto así como en su contexto más inmediato.
Para completar el estudio de la
simbología representada por las imágenes presentes en la
arquivolta, hay que resaltar el esmerado cuidado que puso el comitente al
dar las instrucciones al taller que las esculpió, con las que en mi opinión,
como vengo exponiendo, quería que quedara claro que allí se pretendía
representar la celebración de una fiesta presidida seguramente por el
palaciano del señorío y los que están a su alrededor eran personas
familiares de su entorno, otros palacianos, súbditos o vasallos.
No
he podido constatar la existencia de ningún monasterio, pero sí de un
palacio en el lugar de San Pedro de Echano, como veremos en el capítulo
siguiente.
La
calidad de la construcción, muy superior a todas las demás iglesias del
valle, sus dimensiones en planta rectangular, de 15,80 m. de larga por
5,80 m. de ancha, superior a la iglesia parroquial de Olleta, que tiene
las mismas características -incluso la portada en el lado norte-, hace
pensar en un comitente acaudalado y con influencias importantes para que
las autoridades eclesiásticas le consintieran edificar la iglesia y tener
culto en ella. Además no hay ninguna representación en todo el templo de
temas o personajes que se puedan relacionar con otros edificios similares,
a excepción de los canecillos –de diferente taller al resto del trabajo
escultórico- que, por otra parte, son los habituales en el románico del
Camino de Santiago.
Si
además observamos los siguientes detalles, creo que se confirma la teoría
expuesta de la presencia del palaciano y personas de su entorno: en la
primera dovela de la izquierda, hemos visto que el personaje que toca el
cuerno empuña con su mano izquierda una espada. La espada es, en primer
lugar, el símbolo del estado militar y de su virtud, la bravura, así
como su función, el poderío y, por otra parte, en el
sentido primario, es un símbolo simultáneo de la herida y del poder
herir y por ello un signo de libertad y fuerza.
Con lo que se quiere expresar que el portador, aunque esté cojo, no es un
pobre inválido o juglar, sino que se trata de un soldado mutilado en
alguna batalla.
En
el mosaico del s. XII de la catedral de Nuestra Señora en Lescar
(Pirineos Atlánticos), encontramos un ejemplo de un individuo de las
mismas características que se dedica a la caza (Fig. 27).
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Fig. 27. Mosaico de la catedral
de Nuestra Señora en Lescar
(Pirineos
Atlánticos)
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Igualmente en la abadía de las Damas de Saintes,
consagrada
en 1047, en la región
de Poitou-Charentes, hay un capitel en el que se representa un cojo con
pata de palo portando una maza, junto a otro mazonero, en el que,
entiendo, se trata de dignificar la figura del mutilado desempeñando un
trabajo loable (Fig. 28).
Por otra parte, también se observa que se ha querido resaltar que
los músicos de las dovelas 9 y 16 no son meros juglares o pastores, como
pudiera pensarse por el tipo de instrumentos que tocan, pues los ha
vestido con ropas distinguidas, según se aprecia en los mantos plegados,
similares a los que se representan en uno de los capiteles historiados del
interior de la iglesia (Fig. 29).
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Fig. 28. Capitel en la
abadía de las Damas
de
Saintes (Emmanuel
Pierre,
www.romanes.com) |

Fig. 29. Capitel interior de
San Pedro .
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Hasta un número de ocho de los personajes,
incluyendo los dos músicos ahora citados, enseñan rodilleras de perpunte
-acolchado que llevaban los hombres de armas-.
En los ropajes se puede apreciar
que, además de los mantos citados y de simples túnicas, a cuatro de los
personajes les ha esculpido unos vestidos más decorados, pegados a las
piernas, que pueden representar briales con adornos (Fig. 30).
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Fig. 30. Detalle de las dovelas 18, 19, 20 y 21.
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En consecuencia, el que “preside”, como he
comentado anteriormente, se ha hecho rodear de personas de su entorno y no
ha sentado a la mesa a campesinos o juglares, sino más bien a militares súbditos
suyos y otros palacianos.
Si
nos fijamos en los capiteles que sustentan las arquivoltas de la portada,
veremos ya a los personajes cubiertos con elegantes briales y pellizones
(Figs. 31 y 32).
Es curioso, y hay que resaltar
que, como hemos visto hasta ahora, tampoco hay ninguna alusión a temas
religiosos en el contenido de los capiteles, pues ninguna de las ocho
personas que intervienen en ellos aparece con algún tipo de símbolo
–cruces, libros, báculos o similares-, que nos remitan a pensar en
alguna simbología cristiana.
Por el contrario,
significativamente en el capitel de la derecha, el personaje que está en
pie en el lateral derecho -único con barba en todos los capiteles-, sin
duda está representando al mismo que aparece en la dovela “clave”
(Fig. 9), el que anteriormente hemos comentado como “jefe” que
“preside” la mesa y que se distingue de los demás por unas barbas más
largas, con dos grandes rizos hacia fuera y por ser el único con las
manos apoyadas sobre las rodillas, como si asintiera patriarcalmente y
otorgara su beneplácito a la fiesta que se está celebrando (Figs. 33 y
34).
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Fig. 31. Primer capitel historiado
de
la izquierda.
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Fig. 32. Tercer capaitel, segundo
historiado de la
izquierda.
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Fig. 33. Capitel historiado de la
derecha, vista frontal
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Fig. 34. Capitel historiado de la
derecha, vista lateral
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En mi opinión, el significado más probable de
estos capiteles -lamentablemente muy deteriorados-, es que se trató de
representar escenas acontecidas durante la vida del comitente de Echano.
Me baso para afirma esto en que, como he dicho, no aparece ningún tipo de
símbolo o elemento religioso que nos llevara a buscar otra interpretación
dentro del contexto de la originalidad de la portada y de su carácter
profano. Lo vemos a este personaje –comitente o palaciano- en el capitel
de la derecha, de pie, recibiendo ofrendas de otros dos personajes. El de
la izquierda aparece con las dos rodillas en tierra y presenta al de en
medio, que, también genuflexo, le hace entrega de algún objeto o
simplemente le rinde pleitesía, adelantando la rodilla derecha.
En
el primer capitel de la izquierda, dos personajes situados a los lados del
mismo portan unas hojas de palma de grandes dimensiones. Posiblemente esta
escena represente un recibimiento con honores al personaje que, en el
siguiente capitel, está sentado (Fig. 31).
En el tercero de la izquierda,
segundo historiado, la parte central la ocupa un personaje sentado (¿sería
el palaciano?) y, a ambos lados, otros dos apoyan una de sus manos en él,
en señal de respeto (Fig. 32).
No
hay que olvidar que, a finales del s. XII, ya se empezaban a representar
escenas profanas próximas al gótico en la escultura y en la pintura románicas.
En el caso de la escultura encontramos ejemplos como el del claustro de la
colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar, datado a finales del s.
XII, donde se hallan representados temas tan diversos como el regreso del
caballero, el pastor ahuyentando a los lobos o las escenas cortesanas en
la que aparecen doncellas lectoras y saltimbanquis. Otro ejemplo
esclarecedor es la iglesia del s. XIII en Alaiza (Álava), en la que el
pintor dejó plasmadas toda clase de escenas
de sus vivencias cotidianas (peregrinos, caza, guerreros, batallas,
muerte, ofrendas, etc.).
CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A., en “Introducción al método
iconográfico”, Ariel Patrimonio Histórico, 1998, p. 21, se
refiere a “...un requisito indispensable para saber qué se
quiere saber de la obra de arte es el tener un amplio dominio de los
distintos métodos a emplear para su estudio. W. E. Keinbauer ha
propuesto a este respecto, una interesante clasificación basada en
dos puntos de vista que en su opinión resumen las distintas
aproximaciones de la historia de arte: 1. La perspectiva intrínseca,
que consiste en el estudio de la obra desde dentro y, por lo tanto, a
partir de la descripción y del análisis de sus cualidades
inherentes, es decir, de todo lo referente tanto a su forma como a su
contenido. Abarca el estudio de las propiedades físicas –tamaño,
materiales y técnicas (¿cómo?), problemas de atribución (¿quién?)
y datación (¿cuándo?), proveniencia (¿dónde?), características
formales (formalismo), temática, simbolismo y función.”
Ver op. cit., CHEVALIER,
J. y GHEERBRANT, A, p. 471
Ver op. cit., CIRLOT, J. E, p. 192. ARAGONÉS ESTELLA, E. “La
moda medieval navarra. Siglos XII, XIII y XIV”, Pamplona, 1999,
pp. 521-561
Descarto totalmente la teoría del posible “espinario” que se cita
en op. cit. FERNÁNDEZ-LADREDA, C., MARTÍNEZ DE AGUIRRE, J. y MARTÍNEZ
ÁLAVA, Carlos J., p. 106. La figura central que está en postura
genuflexa, tiene doblada en ángulo recto la pierna derecha llegándole
el manto hasta casi cubrir el pie, lo que física y visualmente no
posibilita tener la pierna izquierda elevada y apoyada sobre la otra
para representar el sentido simbólico del espinario, que según
Esperanza Aragonés, a la que hacen referencia los autores, en “La
imagen del mal en el románico navarro”, Príncipe de Viana,
Serie Arte, nº 28 Pamplona 1996, pp. 146-148, es “la encarnación
masculina de la lujuria, al querer enseñar sus atributos masculinos
levantando la pierna”, lo que en este caso estaría fuera de lugar,
tanto por la imposibilidad física que hemos comentado, como por el
contexto en el que se encuentra el capitel.
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