HACIA  UNA  INTERPRETACIÓN  DEL  CONJUNTO

     Hasta ahora hemos realizado un análisis intrínseco[1] de la portada, pues nos hemos limitado a estudiar la obra de arte en sus aspectos visuales y temáticos más evidentes. Una vez identificados los temas y motivos de la misma, intentaremos profundizar en la intención del conjunto así como en su contexto más inmediato.

     Para completar el estudio de la simbología representada por las imágenes presentes en la arquivolta, hay que resaltar el esmerado cuidado que puso el comitente al dar las instrucciones al taller que las esculpió, con las que en mi opinión, como vengo exponiendo, quería que quedara claro que allí se pretendía representar la celebración de una fiesta presidida seguramente por el palaciano del señorío y los que están a su alrededor eran personas familiares de su entorno, otros palacianos, súbditos o vasallos.

     No he podido constatar la existencia de ningún monasterio, pero sí de un palacio en el lugar de San Pedro de Echano, como veremos en el capítulo siguiente.

     La calidad de la construcción, muy superior a todas las demás iglesias del valle, sus dimensiones en planta rectangular, de 15,80 m. de larga por 5,80 m. de ancha, superior a la iglesia parroquial de Olleta, que tiene las mismas características -incluso la portada en el lado norte-, hace pensar en un comitente acaudalado y con influencias importantes para que las autoridades eclesiásticas le consintieran edificar la iglesia y tener culto en ella. Además no hay ninguna representación en todo el templo de temas o personajes que se puedan relacionar con otros edificios similares, a excepción de los canecillos –de diferente taller al resto del trabajo escultórico- que, por otra parte, son los habituales en el románico del Camino de Santiago.

     Si además observamos los siguientes detalles, creo que se confirma la teoría expuesta de la presencia del palaciano y personas de su entorno: en la primera dovela de la izquierda, hemos visto que el personaje que toca el cuerno empuña con su mano izquierda una espada. La espada es, en primer lugar, el símbolo del estado militar y de su virtud, la bravura, así como su función, el poderío[2] y, por otra parte, en el sentido primario, es un símbolo simultáneo de la herida y del poder herir y por ello un signo de libertad y fuerza[3]. Con lo que se quiere expresar que el portador, aunque esté cojo, no es un pobre inválido o juglar, sino que se trata de un soldado mutilado en alguna batalla.

     En el mosaico del s. XII de la catedral de Nuestra Señora en Lescar (Pirineos Atlánticos), encontramos un ejemplo de un individuo de las mismas características que se dedica a la caza (Fig. 27).

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Fig. 27. Mosaico de la catedral
 de Nuestra Señora en Lescar
 (Pirineos 
Atlánticos)  

    Igualmente en la abadía de las Damas de Saintes, consagrada en 1047, en la región de Poitou-Charentes, hay un capitel en el que se representa un cojo con pata de palo portando una maza, junto a otro mazonero, en el que, entiendo, se trata de dignificar la figura del mutilado desempeñando un trabajo loable (Fig. 28).

    Por otra parte, también se observa que se ha querido resaltar que los músicos de las dovelas 9 y 16 no son meros juglares o pastores, como pudiera pensarse por el tipo de instrumentos que tocan, pues los ha vestido con ropas distinguidas, según se aprecia en los mantos plegados, similares a los que se representan en uno de los capiteles historiados del interior de la iglesia (Fig. 29).  

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Fig. 28. Capitel en la 
abadía de las Damas de
  Saintes (Emmanuel 
Pierre, www.romanes.com)

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Fig. 29. Capitel interior de 
San Pedro .  


    Hasta un número de ocho de los personajes, incluyendo los dos músicos ahora citados, enseñan rodilleras de perpunte -acolchado que llevaban los hombres de armas-.

    En los ropajes se puede apreciar que, además de los mantos citados y de simples túnicas, a cuatro de los personajes les ha esculpido unos vestidos más decorados, pegados a las piernas, que pueden representar briales con adornos (Fig. 30).

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Fig. 30. Detalle de las dovelas 18, 19, 20 y 21.  

    En consecuencia, el que “preside”, como he comentado anteriormente, se ha hecho rodear de personas de su entorno y no ha sentado a la mesa a campesinos o juglares, sino más bien a militares súbditos suyos y otros palacianos.

    Si nos fijamos en los capiteles que sustentan las arquivoltas de la portada, veremos ya a los personajes cubiertos con elegantes briales y pellizones[4] (Figs. 31 y 32).

    Es curioso, y hay que resaltar que, como hemos visto hasta ahora, tampoco hay ninguna alusión a temas religiosos en el contenido de los capiteles, pues ninguna de las ocho personas que intervienen en ellos aparece con algún tipo de símbolo –cruces, libros, báculos o similares-, que nos remitan a pensar en alguna simbología  cristiana.

    Por el contrario, significativamente en el capitel de la derecha, el personaje que está en pie en el lateral derecho -único con barba en todos los capiteles-, sin duda está representando al mismo que aparece en la dovela “clave” (Fig. 9), el que anteriormente hemos comentado como “jefe” que “preside” la mesa y que se distingue de los demás por unas barbas más largas, con dos grandes rizos hacia fuera y por ser el único con las manos apoyadas sobre las rodillas, como si asintiera patriarcalmente y otorgara su beneplácito a la fiesta que se está celebrando (Figs. 33 y 34).  

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Fig. 31. Primer capitel historiado de
 la izquierda.   

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Fig. 32. Tercer capaitel, segundo
 historiado de la
  izquierda.  

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Fig. 33. Capitel historiado de la 
derecha, vista frontal 

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 Fig. 34. Capitel historiado de la 
derecha, vista lateral  

    En mi opinión, el significado más probable de estos capiteles -lamentablemente muy deteriorados-, es que se trató de representar escenas acontecidas durante la vida del comitente de Echano. Me baso para afirma esto en que, como he dicho, no aparece ningún tipo de símbolo o elemento religioso que nos llevara a buscar otra interpretación dentro del contexto de la originalidad de la portada y de su carácter profano. Lo vemos a este personaje –comitente o palaciano- en el capitel de la derecha, de pie, recibiendo ofrendas de otros dos personajes. El de la izquierda aparece con las dos rodillas en tierra y presenta al de en medio, que, también genuflexo, le hace entrega de algún objeto o simplemente le rinde pleitesía, adelantando la rodilla derecha[5].

    En el primer capitel de la izquierda, dos personajes situados a los lados del mismo portan unas hojas de palma de grandes dimensiones. Posiblemente esta escena represente un recibimiento con honores al personaje que, en el siguiente capitel, está sentado (Fig. 31).

    En el tercero de la izquierda, segundo historiado, la parte central la ocupa un personaje sentado (¿sería el palaciano?) y, a ambos lados, otros dos apoyan una de sus manos en él, en señal de respeto (Fig. 32).

    No hay que olvidar que, a finales del s. XII, ya se empezaban a representar escenas profanas próximas al gótico en la escultura y en la pintura románicas. En el caso de la escultura encontramos ejemplos como el del claustro de la colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar, datado a finales del s. XII, donde se hallan representados temas tan diversos como el regreso del caballero, el pastor ahuyentando a los lobos o las escenas cortesanas en la que aparecen doncellas lectoras y saltimbanquis. Otro ejemplo esclarecedor es la iglesia del s. XIII en Alaiza (Álava), en la que el pintor dejó plasmadas toda clase de escenas de sus vivencias cotidianas (peregrinos, caza, guerreros, batallas, muerte, ofrendas, etc.).  


[1] CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A., en “Introducción al método iconográfico”, Ariel Patrimonio Histórico, 1998, p. 21, se refiere a “...un requisito indispensable para saber qué se quiere saber de la obra de arte es el tener un amplio dominio de los distintos métodos a emplear para su estudio. W. E. Keinbauer ha propuesto a este respecto, una interesante clasificación basada en dos puntos de vista que en su opinión resumen las distintas aproximaciones de la historia de arte: 1. La perspectiva intrínseca, que consiste en el estudio de la obra desde dentro y, por lo tanto, a partir de la descripción y del análisis de sus cualidades inherentes, es decir, de todo lo referente tanto a su forma como a su contenido. Abarca el estudio de las propiedades físicas –tamaño, materiales y técnicas (¿cómo?), problemas de atribución (¿quién?) y datación (¿cuándo?), proveniencia (¿dónde?), características formales (formalismo), temática, simbolismo y función.”  
[2]
Ver op. cit., CHEVALIER, J. y GHEERBRANT, A, p. 471
[3]
  Ver op. cit., CIRLOT, J. E, p. 192.
[4]
ARAGONÉS ESTELLA, E. “La moda medieval navarra. Siglos XII, XIII y XIV”, Pamplona, 1999, pp. 521-561
[5] Descarto totalmente la teoría del posible “espinario” que se cita en op. cit. FERNÁNDEZ-LADREDA, C., MARTÍNEZ DE AGUIRRE, J. y MARTÍNEZ ÁLAVA, Carlos J., p. 106. La figura central que está en postura genuflexa, tiene doblada en ángulo recto la pierna derecha llegándole el manto hasta casi cubrir el pie, lo que física y visualmente no posibilita tener la pierna izquierda elevada y apoyada sobre la otra para representar el sentido simbólico del espinario, que según Esperanza Aragonés, a la que hacen referencia los autores, en “La imagen del mal en el románico navarro”, Príncipe de Viana, Serie Arte, nº 28 Pamplona 1996, pp. 146-148, es “la encarnación masculina de la lujuria, al querer enseñar sus atributos masculinos levantando la pierna”, lo que en este caso estaría fuera de lugar, tanto por la imposibilidad física que hemos comentado, como por el contexto en el que se encuentra el capitel.


INTERPRETACIÓN


 


HACIA  UNA  INTERPRETACIÓN  DEL  CONJUNTO

     Hasta ahora hemos realizado un análisis intrínseco[1] de la portada, pues nos hemos limitado a estudiar la obra de arte en sus aspectos visuales y temáticos más evidentes. Una vez identificados los temas y motivos de la misma, intentaremos profundizar en la intención del conjunto así como en su contexto más inmediato.

     Para completar el estudio de la simbología representada por las imágenes presentes en la arquivolta, hay que resaltar el esmerado cuidado que puso el comitente al dar las instrucciones al taller que las esculpió, con las que en mi opinión, como vengo exponiendo, quería que quedara claro que allí se pretendía representar la celebración de una fiesta presidida seguramente por el palaciano del señorío y los que están a su alrededor eran personas familiares de su entorno, otros palacianos, súbditos o vasallos.

     No he podido constatar la existencia de ningún monasterio, pero sí de un palacio en el lugar de San Pedro de Echano, como veremos en el capítulo siguiente.

     La calidad de la construcción, muy superior a todas las demás iglesias del valle, sus dimensiones en planta rectangular, de 15,80 m. de larga por 5,80 m. de ancha, superior a la iglesia parroquial de Olleta, que tiene las mismas características -incluso la portada en el lado norte-, hace pensar en un comitente acaudalado y con influencias importantes para que las autoridades eclesiásticas le consintieran edificar la iglesia y tener culto en ella. Además no hay ninguna representación en todo el templo de temas o personajes que se puedan relacionar con otros edificios similares, a excepción de los canecillos –de diferente taller al resto del trabajo escultórico- que, por otra parte, son los habituales en el románico del Camino de Santiago.

     Si además observamos los siguientes detalles, creo que se confirma la teoría expuesta de la presencia del palaciano y personas de su entorno: en la primera dovela de la izquierda, hemos visto que el personaje que toca el cuerno empuña con su mano izquierda una espada. La espada es, en primer lugar, el símbolo del estado militar y de su virtud, la bravura, así como su función, el poderío[2] y, por otra parte, en el sentido primario, es un símbolo simultáneo de la herida y del poder herir y por ello un signo de libertad y fuerza[3]. Con lo que se quiere expresar que el portador, aunque esté cojo, no es un pobre inválido o juglar, sino que se trata de un soldado mutilado en alguna batalla.

     En el mosaico del s. XII de la catedral de Nuestra Señora en Lescar (Pirineos Atlánticos), encontramos un ejemplo de un individuo de las mismas características que se dedica a la caza (Fig. 27).

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Fig. 27. Mosaico de la catedral
 de Nuestra Señora en Lescar
 (Pirineos 
Atlánticos)  

    Igualmente en la abadía de las Damas de Saintes, consagrada en 1047, en la región de Poitou-Charentes, hay un capitel en el que se representa un cojo con pata de palo portando una maza, junto a otro mazonero, en el que, entiendo, se trata de dignificar la figura del mutilado desempeñando un trabajo loable (Fig. 28).

    Por otra parte, también se observa que se ha querido resaltar que los músicos de las dovelas 9 y 16 no son meros juglares o pastores, como pudiera pensarse por el tipo de instrumentos que tocan, pues los ha vestido con ropas distinguidas, según se aprecia en los mantos plegados, similares a los que se representan en uno de los capiteles historiados del interior de la iglesia (Fig. 29).  

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Fig. 28. Capitel en la 
abadía de las Damas de
  Saintes (Emmanuel 
Pierre, www.romanes.com)

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Fig. 29. Capitel interior de 
San Pedro .  


    Hasta un número de ocho de los personajes, incluyendo los dos músicos ahora citados, enseñan rodilleras de perpunte -acolchado que llevaban los hombres de armas-.

    En los ropajes se puede apreciar que, además de los mantos citados y de simples túnicas, a cuatro de los personajes les ha esculpido unos vestidos más decorados, pegados a las piernas, que pueden representar briales con adornos (Fig. 30).

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Fig. 30. Detalle de las dovelas 18, 19, 20 y 21.  

    En consecuencia, el que “preside”, como he comentado anteriormente, se ha hecho rodear de personas de su entorno y no ha sentado a la mesa a campesinos o juglares, sino más bien a militares súbditos suyos y otros palacianos.

    Si nos fijamos en los capiteles que sustentan las arquivoltas de la portada, veremos ya a los personajes cubiertos con elegantes briales y pellizones[4] (Figs. 31 y 32).

    Es curioso, y hay que resaltar que, como hemos visto hasta ahora, tampoco hay ninguna alusión a temas religiosos en el contenido de los capiteles, pues ninguna de las ocho personas que intervienen en ellos aparece con algún tipo de símbolo –cruces, libros, báculos o similares-, que nos remitan a pensar en alguna simbología  cristiana.

    Por el contrario, significativamente en el capitel de la derecha, el personaje que está en pie en el lateral derecho -único con barba en todos los capiteles-, sin duda está representando al mismo que aparece en la dovela “clave” (Fig. 9), el que anteriormente hemos comentado como “jefe” que “preside” la mesa y que se distingue de los demás por unas barbas más largas, con dos grandes rizos hacia fuera y por ser el único con las manos apoyadas sobre las rodillas, como si asintiera patriarcalmente y otorgara su beneplácito a la fiesta que se está celebrando (Figs. 33 y 34).  

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Fig. 31. Primer capitel historiado de
 la izquierda.   

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Fig. 32. Tercer capaitel, segundo
 historiado de la
  izquierda.  

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Fig. 33. Capitel historiado de la 
derecha, vista frontal 

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 Fig. 34. Capitel historiado de la 
derecha, vista lateral  

    En mi opinión, el significado más probable de estos capiteles -lamentablemente muy deteriorados-, es que se trató de representar escenas acontecidas durante la vida del comitente de Echano. Me baso para afirma esto en que, como he dicho, no aparece ningún tipo de símbolo o elemento religioso que nos llevara a buscar otra interpretación dentro del contexto de la originalidad de la portada y de su carácter profano. Lo vemos a este personaje –comitente o palaciano- en el capitel de la derecha, de pie, recibiendo ofrendas de otros dos personajes. El de la izquierda aparece con las dos rodillas en tierra y presenta al de en medio, que, también genuflexo, le hace entrega de algún objeto o simplemente le rinde pleitesía, adelantando la rodilla derecha[5]

    En el primer capitel de la izquierda, dos personajes situados a los lados del mismo portan unas hojas de palma de grandes dimensiones. Posiblemente esta escena represente un recibimiento con honores al personaje que, en el siguiente capitel, está sentado (Fig. 31).

    En el tercero de la izquierda, segundo historiado, la parte central la ocupa un personaje sentado (¿sería el palaciano?) y, a ambos lados, otros dos apoyan una de sus manos en él, en señal de respeto (Fig. 32).

    No hay que olvidar que, a finales del s. XII, ya se empezaban a representar escenas profanas próximas al gótico en la escultura y en la pintura románicas. En el caso de la escultura encontramos ejemplos como el del claustro de la colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar, datado a finales del s. XII, donde se hallan representados temas tan diversos como el regreso del caballero, el pastor ahuyentando a los lobos o las escenas cortesanas en la que aparecen doncellas lectoras y saltimbanquis. Otro ejemplo esclarecedor es la iglesia del s. XIII en Alaiza (Álava), en la que el pintor dejó plasmadas toda clase de escenas de sus vivencias cotidianas (peregrinos, caza, guerreros, batallas, muerte, ofrendas, etc.).  



[1] CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A., en “Introducción al método iconográfico”, Ariel Patrimonio Histórico, 1998, p. 21, se refiere a “...un requisito indispensable para saber qué se quiere saber de la obra de arte es el tener un amplio dominio de los distintos métodos a emplear para su estudio. W. E. Keinbauer ha propuesto a este respecto, una interesante clasificación basada en dos puntos de vista que en su opinión resumen las distintas aproximaciones de la historia de arte: 1. La perspectiva intrínseca, que consiste en el estudio de la obra desde dentro y, por lo tanto, a partir de la descripción y del análisis de sus cualidades inherentes, es decir, de todo lo referente tanto a su forma como a su contenido. Abarca el estudio de las propiedades físicas –tamaño, materiales y técnicas (¿cómo?), problemas de atribución (¿quién?) y datación (¿cuándo?), proveniencia (¿dónde?), características formales (formalismo), temática, simbolismo y función.”  
[2]
Ver op. cit., CHEVALIER, J. y GHEERBRANT, A, p. 471
[3]
  Ver op. cit., CIRLOT, J. E, p. 192.
[4]
ARAGONÉS ESTELLA, E. “La moda medieval navarra. Siglos XII, XIII y XIV”, Pamplona, 1999, pp. 521-561
[5] Descarto totalmente la teoría del posible “espinario” que se cita en op. cit. FERNÁNDEZ-LADREDA, C., MARTÍNEZ DE AGUIRRE, J. y MARTÍNEZ ÁLAVA, Carlos J., p. 106. La figura central que está en postura genuflexa, tiene doblada en ángulo recto la pierna derecha llegándole el manto hasta casi cubrir el pie, lo que física y visualmente no posibilita tener la pierna izquierda elevada y apoyada sobre la otra para representar el sentido simbólico del espinario, que según Esperanza Aragonés, a la que hacen referencia los autores, en “La imagen del mal en el románico navarro”, Príncipe de Viana, Serie Arte, nº 28 Pamplona 1996, pp. 146-148, es “la encarnación masculina de la lujuria, al querer enseñar sus atributos masculinos levantando la pierna”, lo que en este caso estaría fuera de lugar, tanto por la imposibilidad física que hemos comentado, como por el contexto en el que se encuentra el capitel.