ARTE ROMÁNICO EN NAVARRA, recorridos



MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL EN IRACHE

Seguimos en la N-111, hemos dejado atrás Estella, pasamos Ayegui y casi de inmediato nos encontramos a la izquierda con el Monasterio de Irache.

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Parece que tuvo su origen en el s. X con raíces hispano-visigodas o mozárabes. En el año 958 el abad era Theudano (nombre godo) y a fines del siglo XI la abadía colaborara en la defensa del rito mozárabe. En 1033 y 1045 parece que rige la regla benedictina, aunque a ciencia cierta no se puede documentar hasta 1060. Hacia 1052-54 el rey García Sánchez III fundó allí un hospital para  peregrinos jacobeos. Por iniciativa del rey Sancho IV de centralizar monasterios, en 1076 Irache reunía hasta 27 monasterios y 4 iglesias. Lo regía entonces San Veremundo (ca. 1056-1090), el más famoso de sus abades. En su época se produjo la supresión del rito mozárabe hispano-visigodo y se introdujo la liturgia romana. Las resistencias al cambio fueron considerables en el reino de Pamplona e Irache se destacó en este sentido al proporcionar en 1065 ó 1069, un Liber ordinum mozárabe para que su contenido fuera examinado en Roma y se evitase la acusación de herejía que pesaba sobre la liturgia mozárabe. Por fin, a partir de 1076 se impuso el rito romano.

Bajo la advocación de Santa María la Real llega a nuestros días este monasterio cuya iglesia de estilo románico cisterciense, se inició a mediados del s. XII, posiblemente sobre una de construcción anterior.

Accedemos al interior por una portada en el tramo oeste de un románico tardío, s. XIII. Es abocinada de arco apuntado con cinco arquivoltas lisas que descansan sobre las pilastras de las jambas y  cuatro columnas a cada lado con capiteles decorados con motivos vegetales de tipo cistercienses.  En el arco de entrada hay un crismón. Tiene un gran pórtico cubierto de medio cañón apuntado que descansa en arcos fajones descargados sobre ménsulas con capiteles del mismo estilo comentado y unas  cabezas bajo ellos.

Su magnífico interior sobrecoge. Está compuesto por planta de tres naves de tres tramos cada una, como suele ser habitual las naves laterales son la mitad de la central, a continuación un gran crucero y se cierra con triple ábside semicircular.

Según vamos adentrándonos nos llama la atención los enormes pilares cruciformes con medias columnas adosadas en sus frentes y otras acodilladas que reciben, a través de capiteles típicamente cistercienses,  los nervios de sección cuadrada y los arcos fajones que sustentan las bóvedas de crucería, así mismo los arcos formeros. Los nervios de las bóvedas laterales descansan en los capiteles de la misa factura que los anteriores sobre columnas acodilladas en los pilares y en los muros laterales dobles adosadas. En las claves de las bóvedas hay medallones esculpidos.

En el crucero la bóveda es similar, pero alguno de los nervios arrancan de ménsulas decoradas con temas vegetales y cabezas. Debió haber un cimborrio románico sobre trompas. Para sustentarlo hay en cada esquina un enorme capitel enmarcado entre dos cabezas arriba y abajo que dan paso a las figuras antropomorfas de los cuatro Evangelistas llevando filacterias y libros y por debajo columna acodillada con capitel de decoración vegetal. El cimborrio fue sustituido por una cúpula de media naranja, de factura muy posterior.

Y por último el ábside central tiene un tramo de cañón apuntado y bóveda de horno, los dos ábsides laterales sólo cuarto de esfera.

Al  ábside central, muy ornamentado, se  accede por un arco de triunfo doble apuntado. Apoya sobre columnas con capiteles historiados muy hermosos. El lienzo del gran semicírculo del ábside está dividido en  tres cuerpos, los separa respectivamente una imposta de tacos, otra con motivos vegetales  y otra de puntas de diamante que sigue por los brazo del crucero. El cuerpo superior encuadra una línea de óculos alternados con arquillos ciegos de medio punto, en el primer tramo pasan a ser grandes arcos ciegos de medio punto sobre pilastras y dos columnas centrales.  El tramo de en medio está formado por arcos de medio punto con tres arquivoltas, la exterior taqueada, reposan sobre capiteles historiados que dan paso a esbeltas columnas en la unión central y en los laterales pilastras; con la alternancia de dos arcos ciegos, se abren tres ventana abocinadas cuyos arcos apoyan en dos columnas y pilastras.  Por último en el tramo inferior, que es liso, se abre una hornacina.

Los ábsides laterales, a los que accedemos por grandes de ojivas dobladas,  tienen ventana abocinada de medio punto cuya arquivolta descansa en columnillas con capiteles vegetales e historiados.

Se dispone de buena iluminación que recibe de múltiples vanos: en los ábsides a través de los numerosos óculos y vanos; de la naves laterales en las que se abren numerosos puntos de luz; en el crucero por el lado del Evangelio un gran rosetón y en el opuesto una ventana de arco de medio punto y de los ventanales apuntados del muro oeste.

Salimos al exterior.

A tener en cuenta la La imagen de Nuestra Señora de Irache, se trata de uno de los mejores ejemplos de la imaginería navarra del siglo XII y es de madera recubierta con plata excepto de las manos y la cara. Es gemela a la existente en la Catedral de Pamplona. En la actualidad estÁ en la iglesia de la localidad de Dicastillo.

Como actualmente es necesario dar la vuelta por el lado sur a todo el edificio del monasterio, lo primero que nos encontramos es su enorme ábside central con los dos laterales adosados. El mayor está dividido en siete lienzos por enormes contrafuertes. Correspondiendo con el interior, vemos los óculos y las tres ventanas abocinadas de doble arco de medio punto con moldura de tacos, que descansan en columnas con capiteles de decoración vegetal. Debajo de la cornisa que sustentan una serie de hermosos canecillos de decoración variada: cabezas monstruosas, animales reales y cabezas humanas, hay arquillos trilobulados que apoyan en ménsulas talladas con los mismos motivos que el de los citados canecillos. Los ábsides laterales, mucho más bajos que el central, están divididos por medias columnas adosada con hermosos capiteles historiados y cistercienses, se abre en ellos el vano correspondiente, y la decoración se repite similar a la del central.

Sobresale el cuerpo octogonal del cimborrio en medio del crucero. Tiene en las cuatro esquinas unos cuerpos semicilíndricos de cubierta cónica y divididos por columnillas. En medio hay un alargado y estrecho vano de medio punto centrado entre dos óculos estrellados.

Y por último, nos queda la Porta de San Pedro. La encontramos en el lado norte, debajo de unos modillones de cabeza monstruosas y otras humanas, se abre abocinada con cinco arquivoltas ligeramente apuntadas que voltean en fuertes columnas, excepto  las de las jambas dobles y más delgadas. Los capiteles de fina labra correspondiente al final de s. XII están tallados con motivos historiados, algunos prácticamente irreconocibles por el deterioro de la piedra. Vemos en el lado derecho, luchas entre centauros y jinetes, animales fantásticos, palmetas y arpías; a la izquierda el sueño de San Martín y la escena partiendo la capa con un pobre, grifos, y animales fantásticos cabalgados por jinetes. No tiene tímpano y en la clave del primer arco hay un Crismón.

La monumental torre que hay a los pies, en el lado del Evangelio es de siglos posteriores.



























































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